Piedras

Todos podemos aportar

Para la colegiada Eva Montero, el voluntariado se ha convertido en un modo de vida. Durante el próximo año, prolongará su estancia en Azrou (Marruecos) para ayudar a niños con discapacidad.

En esta carta abierta remitida al Colegio, la fisioterapeuta nos narra su vivencia e invita a otros colegiados a hacerse voluntarios y disfrutar de esta gran experiencia.

TODOS PODEMOS APORTAR

Me bauticé en este mundo en agosto de 2011, cuando colaboré con el Voluntariado para la Integración de la Discapacidad en el Deporte, en Quetaztenango (Guatemala). De esa maravillosa experiencia aprendí la importancia y el valor real de las cosas, al tiempo que me sirvió para extraer algunas reflexiones para aplicar en mi día a día.

Le debo tanto a la gente que allí conocí y fue tan increíble la vivencia de Guatemala que, desde entonces, he convertido el voluntariado en una rutina más en mi vida. No olvidemos que cerca de cada uno siempre hay personas a las que poder ayudar.

Este verano repetí, participando como voluntaria en un proyecto de rehabilitación e integración de la discapacidad infantil de la Asociación Felicidad sin Fronteras, en Azrou, una ciudad de Marruecos situada a 80 kilómetros de Fez.

Durante el verano, se valoró y trató a más de 70 niños. De estos, solo unos pocos se podían permitir el ‘lujo’ de recibir tratamiento a lo largo del año, así que, para la mayoría de ellos, aquel mes y medio que la asociación estuvo trabajando en el Complejo Provincial para las Personas con Discapacidad de Azrou fue su única terapia. El objetivo, además de las valoraciones y tratamientos llevados a cabo, era implicar a los padres en la rehabilitación de sus hijos, dándoles una serie de pautas para trabajar en casa.

De vuelta a casa

Aún no había despegado el avión de regreso a casa cuando supe que pronto volvería con algún proyecto bajo el brazo, para que el trabajo de grandes profesionales no cayera en saco roto.

A los dos días de llegar a España, me reuní con Cristina, una terapeuta ocupacional que conocí en mi estancia en Marruecos y con la que compartí inquietudes y motivaciones. Nos reunimos con nuestro coordinador y con el director de la asociación con la que estuvimos en Marruecos y, juntos, construimos castillos de nubes. A finales de agosto nos volvimos a reunir y, ¡sorpresa!, firmamos un contrato para irnos como coordinadoras un año a Azrou. Así, de repente, el castillo aterrizó en nuestra realidad, cumpliendo un sueño.

Un año en Marruecos

Ahora, escribo desde la que será mi casa durante un año. En este proyecto, que tanta ilusión me hace, nos hemos planteado varios objetivos: evaluar y tratar a niños con discapacidad; incluir la discapacidad en la sociedad a partir de actividades lúdicas y de ocio; crear una escuela de padres, y, nuestro mayor reto, conseguir que el centro cuente con profesionales locales. Queremos que el complejo se autogestione; para ello debería contar con alguna subvención o ayuda económica del gobierno, difícil al tratarse de un sector tan olvidado.

MarruecosCuesta creer que a solo 14 kilómetros del sur de España exista una realidad tan diferente, donde aún no se reconocen todos los derechos y las necesidades de las personas con discapacidad ni se les ayuda a cubrirlas.

Estos primeros días en Marruecos los dedicamos a reevaluar a los niños que pasaron este verano por nuestras manos y a valorar a aquellos a quienes no conocemos. En la región hay más de 500 personas con discapacidad pero, por el momento, y debido a la falta de profesionales, nos vemos obligados a centrarnos en niños de 0 a 18 años con discapacidad motora o cognitiva.

En el futuro, esperamos contar con la ayuda de profesionales especializados en problemas de comunicación. Hay una alta y amplia demanda de necesidades por cubrir pero, con la incorporación de nuevos voluntarios, esperamos poder satisfacer las máximas posibles.

Como fisioterapeutas tenemos muchísimo que aportar. La mayoría son casos de PCI y síndrome de Down, y las necesidades de nuestros beneficiarios van desde las movilizaciones pasivas, en los casos más graves; fisioterapia respiratoria; reeducación de la marcha y mejora en la destreza en las AVDs, así como asesoramiento en ayudas técnicas y pautas para los familiares. El centro está bien dotado en cuanto a material e infraestructura.

Aprender a valorar

Bastaron 15 días cooperando para que algo se removiera en mi interior y para recordarme que, por mucho que uno aporte, esta vivencia siempre te devuelve más. Se trata de una experiencia única de la que uno se lleva, además de bonitos recuerdos, grandes aprendizajes.

Al tratar con cualquier minoría y, encima, con pocos recursos, aprendes el valor de las cosas y lo gratificante que resulta la sonrisa de un niño cuando recibe un estímulo nuevo, como puede ser la movilización de su brazo, un sonido o simplemente una voz nueva que se acerca a él. Y el agradecimiento de las familias es inmenso. No hace falta hablar el mismo idioma para darse cuenta: una imagen vale más que 1.000 palabras y, en estas ocasiones, sobran las palabras.

Invito a todos los colegiados a hacerse voluntarios y disfrutar de esta gran experiencia. Todos podemos aportar y, si queréis hacernos una visita, podéis consultarlo todo en la web de la Asociación Felicidad sin Fronteras (Abre nueva ventana). También os animo a difundirla entre los compañeros y amigos de cualquier profesión sociosanitaria.

El Colegio Profesional de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid facilita la realización de viajes de voluntariado a sus colegiados con una beca que cubre los gastos de transporte y/o seguro médico para el desarrollo del proyecto.

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