Piedras

Voluntariado en Fisioterapia: nuestra experiencia en Nepal

Las colegiadas Elena Díaz y Aurora T. Gómez, que se han beneficiado este año de las becas de cooperación que concede el Colegio Profesional de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid (CPFCM), nos han remitido una carta abierta en la que cuentan su experiencia como voluntarias en la ONG Nepal Sonríe.

Fruto de su compromiso con las personas más desfavorecidas, incluso más allá de nuestras fronteras, el CPFCM concede cada año esta ayuda económica, a las que pueden optar todos los colegiados que vayan a participar en proyectos de cooperación internacional y que cubre los gastos de transporte y/o seguro médico de los voluntarios.

A continuación, os dejamos la carta de nuestras dos compañeras. ¡Esperamos que su testimonio os anime a participar en la próxima convocatoria de las becas de cooperación!

UNA EXPERIENCIA INCREÍBLE

El pasado mes de septiembre viajamos a Nepal para colaborar con la ONG Nepal Sonríe, que está dedicada en cuerpo y alma a mejorar la calidad de vida de 28 niños y seis mujeres que viven en una casa de acogida gestionada por la ONG local Helpless Disabled Child Rehabilitation Center (HDCRC), en la localidad de Hetauda, al sur de la capital nepalí.

Como fisioterapeutas decidimos buscar proyectos en los que pudiésemos aprovechar nuestros conocimientos por lo que, al conocer que 11 de los niños que viven en la casa tenían diversas discapacidades, nos animamos a colaborar.

Nos enteramos de que el Colegio ofrece dos becas a título personal destinadas a proyectos de cooperación, así que decidimos solicitarla presentando un proyecto.

Tras nuestra primera reunión con la presidenta de Nepal Sonríe, Irene Fernández Del Pozo, nuestro objetivo se centraría en formar a las seis mujeres que viven en la casa sobre el manejo de personas con dependencia, ya que dos de los niños que allí vivían tenían una parálisis cerebral congénita y necesitaban de ayuda para todas las actividades de la vida diaria, así como en enseñarles técnicas de estimulación y movilización. También recogeríamos datos de los demás niños que allí viven para poder crear una base de datos y plantear un proyecto donde se viesen cubiertas sus necesidades en cuanto al campo de la fisioterapia se refiere.

Tras la elaboración del proyecto y su aceptación por parte del Colegio nos fue concedida la beca, por lo que podríamos llevar a cabo esta experiencia. Lamentablemente, un mes antes de empezar nos enteramos del fallecimiento de uno de los niños con PCI y de la partida de otro de ellos de la casa, por lo que el trabajo que queríamos llevar a cabo con ellos no iba a ser posible. Por ello, nos centramos en el resto de acciones que podíamos realizar.

En la casa de acogida también trabaja durante una hora al día otra ONG llamada Familia Hetauda, que se encarga de la parte médica y fisioterápica, aunque la mayoría de su trabajo lo realizan fuera de la casa.

Para no inmiscuirnos en su labor, decidimos que podíamos ser más útiles ayudando a formar a las mujeres en el trato y manejo de niños con discapacidad. Este proceso lo llevamos a cabo introduciéndonos en el proyecto ya formado por la casa de terapia ocupacional y de la mano de José Luis Martín, terapeuta ocupacional de Nepal Sonríe, ya que este campo y el de la fisioterapia van de la mano y, a nuestro parecer, es fundamental que trabajen juntos para el beneficio de todos aquellos que lo necesiten.

De esta manera, trabajamos en la formación y supervisión de las mujeres encargadas de impartir las terapias de grupo a los niños, Renu y Thirta. Planificábamos las sesiones con ellas, asegurándonos que comprendieran el porqué de los ejercicios a realizar, dando pautas sobre las necesidades y aptitudes de cada uno de los niños y cómo tratarlos, e indicando en qué cosas deberían hacer más hincapié.

Organizábamos las sesiones para trabajar distintos aspectos como la psicomotricidad, la estimulación cognitiva y sensorial, las actividades de la vida diaria (aseo, cuidado personal, labores de hogar, conceptos de dinero) y el aprendizaje de habilidades y capacidades emocionales. Todo ello con la ayuda de materiales que proporcionaba la ONG o bien fabricábamos nosotras o los niños. Algunos días montábamos talleres de recreo para afianzar todos los aspectos antes mencionados, así como talleres de baile, lectura, dibujo, manualidades como hacer pulseras, máscaras…

También nos dedicamos a recoger información sobre los niños para mejorar y actualizar los datos médicos sobre ellos, así como para poder entenderlos mejor y aplicar terapias más específicas de acuerdo a sus necesidades.

Fue una experiencia increíble de la que nos llevamos miles de anécdotas y lecciones aprendidas, tanto en el ámbito profesional como en el personal. Nepal es un país con una cultura y una gente maravillosas. La labor humanitaria que se realiza allí es, cuanto menos, admirable. En nuestras manos está el poder ayudarles de montones de maneras diferentes, el no hacerlo sería un enorme error.

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1 comentario

  1. Laura Blanes 25 febrero, 2017 at 7:36 am Reply

    Gracias por vuestra labor, sois un ejemplo a seguir!

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