Piedras

El futuro es nuestra responsabilidad

Con motivo de la celebración de su 20º aniversario, el Colegio Profesional de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid (CPFCM) reflexionaba en el editorial de la revista ’30 Días de Fisioterapia’ de junio sobre el terreno que estamos trabajando para las próximas generaciones de fisioterapeutas.

A continuación, reproducimos el artículo completo. ¡Esperamos recibir vuestras aportaciones y reflexiones!

EL FUTURO ES NUESTRA RESPONSABILIDAD 

Con la inevitable perspectiva que la experiencia otorga, uno comprende que lo que se aprende rápido también favorece un olvido precoz. Aunque quizá esta expresión responda más a los momentos en que lo perdurable se ha tenido en más alta estima que en nuestros días.

Cantaba Gardel que 20 años no es nada, pero sí lo han sido para esta profesión. Este aniversario del Colegio coincide con el ejercicio profesional de muchos. Es tanto lo que hemos aprendido y crecido, gracias al tesón de los que abrieron camino y de nuestros méritos, que resulta imprescindible reflexionar sobre el terreno que estamos trabajando para las próximas generaciones de fisioterapeutas.

Los cambios profesionales, tales como un mayor conocimiento, reconocimiento y prestigio social, el acceso al Grado, Máster y Doctorado, la inclusión en la gestión, políticas universitarias e investigación, han ido de la mano con multitud de cambios sociales, lo que hace reflexionar sobre si este navegar por redes sociales y otras nuevas tecnologías nos ha hecho surfear sobre la superficie del conocimiento olvidando sondear las profundidades. Sobre esto se ha reflexionado en el último editorial: “En un mundo en el que contamos con todo tipo de tecnologías, los humanos quedamos para eso, para ser más humanos que nunca”.

Por eso, en una profesión altamente gratificante y vocacional como esta, ¿cómo olvidar la reflexión, el sentido crítico y la dirección? ¿Por qué no trabajar algo tan humano como la buena comunicación que mantenemos con nuestros pacientes o con aquellos que toman decisiones que influyen directamente en la calidad de nuestro trabajo? No podemos dejarnos llevar por la corriente social del individualismo. Cierto que un convenio colectivo de clínicas privadas vergonzoso aboca a los jóvenes al pluriempleo, produce incomunicación entre profesionales y obliga a trabajar fuera de España cuando países con nivel de FP están exigiendo más requisitos con el Grado que cuando éramos diplomados.

En ocasiones olvidamos que somos los mejores expedientes del país, que los pacientes y los profesionales sanitarios serios y responsables saben que somos imprescindibles. Pero no exigimos este trato a las Administraciones porque no nos unimos, porque no nos atrevemos con la política o porque estamos tan obsesionados con las aplicaciones tecnológicas, que tanto tiempo nos roban, que nos hemos olvidado de trabajar con nuestras manos por el bien común, tan duramente como lo hacemos por nuestros pacientes. Muchos fisioterapeutas trabajan por su cuenta, pero los que lo hacen en equipo deberían aprovechar las buenas relaciones y el trabajo colaborativo para un objetivo común.

Lo grave es que, también, les ocurre a los profesionales asentados. En las universidades, la cumbre del conocimiento, nos promocionan exclusivamente por investigación, con criterios que se endurecen cada vez más y dejan fuera a buenos profesores. El sistema no otorga importancia a la clínica o a la docencia. Quizá porque no está diseñado por clínicos ni por docentes.

Probablemente, sea por la sola razón económica de no crear plaza alguna o con el único objetivo de la autofinanciación de la universidad pública mediante proyectos de investigación, para que los Estados que menos invierten en I +D no sigan cargando con las instituciones del conocimiento que menosprecian y menoscaban con sus políticas de recortes. La Conferencia Nacional de Decanos de Facultades de Fisioterapia se ha unido, trabajado y protestado contra el sistema de acreditación del profesorado, junto a profesores de otras muchas disciplinas, y ha observado algunas consecuencias políticas. Pero, tristemente, en ocasiones, volvemos a nuestras facultades y nos encerramos en nuestras carreras de puntos perdiendo la perspectiva de lo que es mejor para nuestros alumnos y para nuestros compañeros clínicos. Porque el sistema nos exige y nos asfixia y, en el día a día, hacemos lo que podemos.

Decía Stevenson que viajar con ilusión es mejor que llegar, pero los destinos son tan cambiantes que parece que en este momento vital es más importante continuar en movimiento, por encima del destino.

En este momento, es fundamental parar a extender el mapa y trazar una hoja de ruta. Pensar en el destino, diseñarlo y perseguirlo para que los que nos siguen encuentren más fácil el destino que todos soñamos, en un momento en que las limitaciones presupuestarias de la educación superior, impuestas por el Gobierno y la exponencial subida del coste de las matrículas situando a la Universidad en una verdadera encrucijada, también es testimonio del decreciente interés que existe sobre la juventud vista como el futuro político y la élite asistencial, cultural y científica de España.

Escribía Bauman que bastan unos pocos minutos y un par de firmas para destruir lo que se construyó con el trabajo de muchos cerebros, el doble de manos y montones de años. Por los compañeros que nos precedieron, por los que vengan, nuestro futuro es nuestra responsabilidad.

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